Sobre hongos y yuyos

Dentro nuestro, fueron creciendo Flores y Yuyos. También han nacido hongos repodridos de los que mejor ni hablar.
Nadie habla de los hongos que lleva dentro, pero solemos ponerlos de manifiesto por diversas causas. Una de las formas de manifestar las podredumbres, es escupiendo sus venenos.
En una discusión, tengamos o no "razón", todos solemos creer que tenemos razón. El problema de mezclar argumentos con veneno, es que la otra persona se intoxica y agrega su propio veneno a la conversación. Más tarde, los argumentos pierden peso y sólo queda veneno contra veneno.
En una competencia de venenos, no gana el más virtuoso, el más lindo o el más bueno. Gana el que la pasó peor en la vida y tuvo mayor posibilidad de llenarse de hongos.
Un tipo obeso que trabaja de policía, para una empresa de seguridad privada, presta servicio en la Biblioteca Nacional. Hoy me impidió tomar mate como siempre lo hacía, en la sala de lectura "con material propio" (No hay libros que puedan estropearse allí). Es una nueva medida con menos de una semana que seguramente él no eligió imponer.
Habiendo acabado de pagar por el agua caliente (cuyo caracter de caliente, no es duradero en un termo de plástico). Y con muchas ganas de tomar mate, obviamente la noticia no me cayó en gracia.
Por mi cara de decepción y búsqueda de complicidad, supongo, el guardia accedió a dejarme pasar con el termo, a condición de que lo guardáse y no lo usara.
Pensé en las posibilidades de iniciar una discusión, o de mentir y usar el termo una vez establecido en la sala. Seguramente me hubiese ganado una digna competencia de venenos, que no tenía por qué terminar bien. Luego de cuestionar la medida y dejarle claro mi desacuerdo al guardia, elegí irme al bar de la biblioteca. En dónde pude tomar mate y estudiar tranquilo sin otro yuyo que los elegidos para condimentar la infusión.
Tema: Jardín de gente
Album: L. A. Spinetta y Los Socios del Desierto (1997)





Muchas veces a lo largo de mi vida, me detuve a pensar respecto de las cosas simples, Y me pregunto: ¿Por qué hago las cosas que hago? ¿Por qué las hago de tal o cual manera?. Al buscar respuestas para estos interrogantes, descubro que a veces es realmente buena mi forma de hacer algo y que ofrece unos cuantos beneficios respecto de otros modos. Tal es el caso, al momento de accionar el gatillo que inicia la cascada de agua en un inodoro.
